
Todas las manifestaciones vitales son manifestaciones energéticas, definiendo su práctica como una "somato-sicodinámica" pues toda perturbación en el funcionamiento energético se expresa en sus aspectos físicos (somáticos) o psíquicos; doble vertiente que apoyada por una perspectiva energética (dinámica) expresa la unidad funcional del cuerpo y del espíritu; no se trata por tanto de privilegiar una vertiente sobre otra y, menos aún, hacer de uno la causa del otro, como es la tentación del positivismo médico que no considera más que los factores orgánicos.
Aunque sólo sea por su valor operativo, conviene hacer hincapié en el paralelismo de esta dualidad constitutiva del hombre, no sin buscar sistemáticamente los flujos energéticos que la sostienen y la alimentan.
Dentro de dicha perspectiva, la energía siempre se manifiesta ligada a las estructuras biológicas (óganos, tejidos, sobre todo musculares) en incluso en estasis (energía estancada) y que se representa en las formas psiquícas, en especial las del carácter.
La constatación y disolución de la coraza muscular a través del masaje, ejercicios corporales en los diferentes segmentos del organismo, son los objetivos para deshacer los bloqueos y las fijaciones: tanto las tensiones y rigideces musculares como las perturbaciones neurovegetativas y las inhibiciones psiquícas, las fijaciones pre-genitales o las incidencias fantasmagóricas, para que el sujeto pueda llegar en su cuerpo, en sus emociones y en el juego de sus estructuras psicológicas a la percpeción y al sentimiento de una circulación suficientemente fluida y elástica de la energía.
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