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CIENCIAS ETERNAS


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martes, octubre 28, 2014

La Gestion del Cambio

1. El Cambio
Existe una palabra que caracteriza la vida. Esta palabra es: "Cambio".
Sean cuales sean las palabras que usemos para describir nuestra percepción del cambio: desafiante, excitante, incómodo, temible, necesario, doloroso, inevitable, etcétera, un hecho es seguro: El cambio es una constante. El cambio se dará tanto si lo queremos como si no. Lo temamos, intentemos resistirnos o nos escondamos de él, el cambio va a ocurrirnos a todos.
Algunos son muy traumáticos, como un divorcio o una pérdida de trabajo. Otros pueden ser más sutiles. Todo cambio, de cualquier forma, es estresante en mayor o menor grado. Dado que el cambio produce emociones intensas, tanto positivas como negativas, es imperativo que aprendamos a gestionarlo.

2. El Cambio es un Proceso
Una forma de vivir el cambio es verlo no como un suceso, sino como un proceso.
El cambio tiene mil nombres y descripciones. Puede significar cambiarse a una nueva oficina o casa, asumir nuevas responsabilidades, darse un nuevo corte de pelo, incluso un nuevo color de pelo.

3. Resistencia al Cambio
Es sabido que habrá resistencia al cambio. Podemos definir cuatro formas en que nos resistimos al cambio.
La primera es la del "jarro de agua fría". Este es el procedimiento usado, cuando los individuos echan agua fría sobre una idea con frases como,"Está fuera de presupuesto" o, "Sí, pero..."
La segunda forma de resistirse al cambio es la llamada "vuelta a la normalidad". Este es el procedimiento seguido por individuos que, cuando ven venir el cambio, agachan la cabeza y desean o rezan para que las cosas vuelvan a su estado normal.
El tercer método de resistirse al cambio es adoptar una mentalidad de "espera". Él problema es que no hay nada tan letal como el no hacer "nada". Al cuarto procedimiento de resistencia al cambio podemos simplemente llamarle "incumplimiento". Este es el tipo de resistencia más difícil de tratar. La persona incumplidora sonríe, asiente y puede que exprese sentimientos tales como: ¡Hagámoslo! Sin embargo, estos individuos son expertos en volver a sus vidas y no hacer absolutamente nada para llevar a cabo los cambios con los que estuvieron de acuerdo de palabra.

Comprender las diferentes formas de resistencia al cambio puede ayudarte a planear una estrategia para hacerlo efectivo con éxito.
Las grandes ideas no se llevan a cabo solas. Para que el cambio sea efectivo, tienes que planear tu trabajo, tu vida. Y hacer que tu plan funcione. La planificación y preparación son la clave.
Para triunfar, debemos correr riesgos. Y el cambio es arriesgado.
- ¿Estoy dispuesto a arriesgarme a cambiar?
- ¿Estoy dispuesto y está mi pareja a arriesgarse a cambiar?
- ¿Estoy dispuesto y está dispuesta mi familia, comunidad o equipo a arriesgarse a cambiar?
- ¿Estoy dispuesto y está dispuesta mi compañía a arriesgarse a cambiar?

4. El Ciclo del Miedo
El miedo constituye gran parte de lo que nos impide enfrentarnos al cambio con éxito. Para tener éxito, debemos aprender a romper el ciclo del miedo. Todos hemos experimentado el riesgo y la rotura del ciclo del miedo. Después de todo, ¿cómo aprendimos a andar y a hablar, a montar en bicicleta, a esquiar? Si te quedas quieto nunca avanzas.

¿Y Sí…?
El ciclo del miedo comienza con la pregunta "¿Y sí…?" Tu imaginación vuela libremente. Todo parece peor de lo que es. Se implanta el pánico, y tú exageras las consecuencias.
Esto conduce al siguiente paso en el ciclo del miedo. La percepción distorsionada.
Aquí tiendes a exagerar la dificultad de una situación dada, diciéndote a ti mismo cosas como, "Sé que nunca lo terminaré a tiempo", etcétera... ves todo lo que te rodea como un obstáculo; demasiadas reuniones, una cantidad de interrupciones aplastantes, etcétera...
Esto lleva a un tercer componente del ciclo del miedo, los signos físicos de estrés.
Si escuchas a tu cuerpo, te darás cuenta que estás en el ciclo del miedo.
Y llegamos al siguiente paso, la fase llamada "congelación o frenesí". Aunque son respuestas opuestas, su característica común es la exageración. La congelación además implica retraso.

Finalmente el ciclo del miedo se completa cuando se cumplen sus expectativas. Con seguridad, a causa de los pasos uno a cuatro en el ciclo, no rindes al máximo de tu capacidad y se hacen realidad tus peores temores. Así que te justificas por tener miedo al principio, y esto te prepara para el siguiente ciclo. Puede que pienses, "No caeré presa del ciclo del miedo". Pero la realidad es que muchos de nosotros lo hacemos.

5. Romper el Ciclo
¿Cómo rompemos este ciclo? Primero, haciéndole pasar por la prueba del "peor de los casos". Esto puede significar, permitirme a mí mismo la preocupación y el miedo ¡pero no quedarme ahí! Necesito preguntarme, o animar a la persona asustada a preguntar, "¿es realmente tan malo? ¿son realmente mayores los inconvenientes que las ventajas?" Otra técnica es hacer una lista de las cosas que te preocupan, y después convertir las preocupaciones en previsiones. Cambiando "¿Y qué si ocurre lo peor?" por, "Sí ocurre lo peor, entonces haré… "Estoy dispuest@ a pasar de la previsión a la acción. "El miedo y la acción no caven en el mismo lugar".
Entender la esencia del miedo puede ayudarme a vivir con él. El miedo es algo natural. Es normal que experimentemos miedo cuando nos enfrentamos a cambios. El miedo miente. Distorsiona. Exagera. Amplía. Como las sombras en un cementerio a medianoche, el miedo hace que todo parezca peor de lo que en realidad es.
El miedo debería impulsarnos a concentrarnos en lo que podemos hacer, no en lo que no podemos hacer. Debemos recordar que lo peor raras veces es tan malo como nos lo pinta el miedo. Incluso cuando prevemos y definimos lo peor que puede ocurrir, las probabilidades de que ocurra de hecho son casi nulas.

Romper el ciclo del miedo es un paso crucial para gestionar el cambio con éxito.

Primero, ¡adelante, preocúpate!
Enfréntate a tus temores, no los niegues.

Segundo, convierte la preocupación en previsión.
Cambia el "Y sí… " por "sí… entonces…"

Finalmente, ¡Reacciona! ¡Cambia!

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