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lunes, diciembre 22, 2014

La Sabiduria de la Madurez

Cada vida humana es única. Dos seres humanos no han hecho, ni harán nunca, el mismo viaje por la vida. Cada vida humana es una aventura única. Para alcanzar la sabiduría de la madurez es necesario comprender este hecho. Es el puente de comunicación con nuestros semejantes. No podemos llegar a ellos y establecer una relación significativa con ellos si no los reconocemos como personas, así como debemos tener conciencia de nosotros mismos como personas.
Parece fácil, pero en la práctica no es así. Estamos divididos en clases. Hemos desarrollado una jerga que refleja nuestro desprecio por el hombre como individuo y lo coloca donde creemos que le corresponde: en una columna de estadísticas o encuestas. "El hombre común", "la clase media superior", "la clase media inferior", "el grupo de medios ingresos", "el hombre de la calle", etc. Son expresiones que indican nuestra falta de capacidad para considerar a los demás como personas individuales y únicas e integrarlos como miembros de grupos anónimos y sin rostro.

Estamos clasificados hasta más no poder. Se nos ha examinado en todos los aspectos concebibles de nuestra vida. Los investigadores sociales que reúnen esta información saben todo acerca de nosotros: cuánto café tomamos, cuántos tenemos coche, de qué marca, qué programas de televisión vemos y hasta cuántos contactos sexuales tenemos al año.
Se hace mucho hincapié en “la adaptación”, “la integración al grupo” y “la movilidad social”. Se considera admirable que se pueda renunciar a la propia individualidad para adaptarse a los dictados del grupo al que uno pertenece. El individualismo parece estar extinguido.
No es extraño que con frecuencia perdamos toda sensación de nosotros mismos como personas y nos asustemos mucho cuando se nos ocurre una idea o realizamos un acto que no está de acuerdo con lo que los demás hacen o piensan.

Sin embargo, hoy en día el ser humano ansía conocerse a sí mismo como un ser singular, como identidad única y maravillosa distinta de las demás personas.
A pesar de las clasificaciones, del esfuerzo por adaptarse al grupo, cada uno de nosotros en el fondo de su corazón, desea ser diferente a los demás porqué en realidad es diferente de todos los demás.
Nuestro terrible anhelo de poner de manifiesto esa diferencia, de romper nuestros lazos, nos lleva a la consulta del psicólogo y del psiquiatra, al alcohol, a las drogas y al adulterio, en un vano esfuerzo por encontrarnos a nosotros mismos, pero que nos conduce irremediablemente a perdernos.

¿Cuál es el remedio? ¿Cómo podemos hacernos más conscientes de nosotros mismos como seres únicos? ¿Cómo podemos alcanzar un conocimiento de nosotros mismos más maduro? He aquí tres sugerencias:
Primera. Llegar a conocerte mediante la soledad y el retiro. La alta tensión en la que vivimos la mayoría de las veces nos ofrece una escasa oportunidad para la comunión con nosotros mismos; debemos procurarnos momentos de soledad.
Ahora bien, la soledad significa diferentes cosas para cada persona. Quizá quieras pasear por la calle entre la multitud, entrar en un templo, ponerte en contacto con la naturaleza, aislarte en una habitación tranquila, etc. ¡Identifica tu propia forma!
De todos modos, unos pocos momentos de soledad cotidiana, sin interrupciones por llamadas telefónicas ni otras exigencias, son necesarios para conocernos a nosotros mismos, para examinar nuestra vida, nuestras creencias y nuestras acciones.
Todos los grandes maestros de la historia se fortalecían e inspiraban para realizar la misión de sus vidas en sus momentos de soledad.

Segunda. Cambia las costumbres. Nos enterramos vivos bajo capas de hábitos, hasta que realizamos un esfuerzo impresionante por liberarnos. ¿Cuántas personas se resignan a vivir cada día de una manera lánguida y tediosa, encadenadas por la costumbre y por la inercia?
Observa tu vida y date cuenta qué hábitos no aportan nada a tu vida y cámbialos. También observa en qué cosas, de las que ya haces y te gustan, podrías darle un giro o hacerlas de diferente manera para que resulten más divertidas y excitantes.

Tercera. Averigua qué es lo que te produce las satisfacciones más profundas en la vida.
El mejor modo de definir el carácter de una persona consiste en averiguar la actitud mental o emocional particular en que, cuando se encuentra en ella, se siente más profunda e intensamente activo y vivo. En esos momentos hay una "voz interior" que habla y dice: ¡"Este es mi verdadero Yo"! La sensación de sentirse más vivo y activo es excitación. Puede ser la excitación de una idea, la excitación de una situación, de una persona, etc. pero cualquiera que sea la forma que adopte, la excitación es un estímulo que nos hace desprendernos del aburrimiento, de la monotonía, y de la inhibición y nos hace ser nosotros mismos en todo lo que valemos.

La excitación es el ingrediente esencial del éxito en el trabajo determinado. Es el combustible sentimental que nos incita a poner en práctica nuestros esfuerzos máximos.
La preparación profesional es importante, sin embargo el entusiasmo -la excitación- es lo que impulsa a una persona a adquirir la capacidad profesional.

Para averiguar lo que somos realmente, qué es lo que nos hace seres únicos, irrepetibles y maravillosos, debemos despojarnos de todas las capas de temor, retraimiento, duda con respecto a nosotros mismos, confusión y hábitos que se desarrollan y endurecen alrededor de nosotros y sobre nuestro núcleo interior hasta que quedamos ocultos a nuestro propio conocimiento como lo estamos de todo lo demás. El entusiasmo es la llama que derrite esas capas adquiridas que ocultan nuestro verdadero ser, nuestra autentica personalidad.

El proceso de maduración de la mente es una aventura de auto-descubrimiento continua. No podemos comprender a los demás si antes no nos comprendemos a nosotros mismos como individuos.

"Conocerte a ti mismo/a", es el comienzo de la sabiduría.

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