Respira por la nariz y expulsa el aire por la boca. Al terminar la exhalación hacer una pausa y –espera, espera pacientemente, espera conscientemente− hasta que el cuerpo inicie la siguiente inhalación.
Cada inhalación a través de la nariz es lenta y tranquila. Al llegar al máximo de la inhalación, libera el aire a través de la boca –tranquila y lentamente− y, luego con la mandíbula relajada, hacer una pausa –espera paciente y conscientemente−– hasta que el cuerpo vuelva a inhalar.
La clave para marcar una pausa entre una respiración y la siguiente es mantenerse consciente y centrado, proponiéndose esperar hasta que el cuerpo decida volver a inhalar. Si la mente se distrae, la respiración volverá a sus patrones contraídos.
En cada pausa hay que dejar que el cuerpo se relaje intensamente. Hay que dejar que el tiempo entre una y otra respiración sea un momento de relajación total. –Siente– como el cuerpo se deja llevar gozosamente.
Ahora puedes respirar para una zona concreta de tu cuerpo que necesite relajarse y curase, permitiendo conscientemente que salga toda la tensión acumulada al exhalar y relajándote aún más en la pausa.
Respira varias veces, continúa respirando de la misma manera para esa zona específica de tu cuerpo, y cada vez que liberes el aire en la exhalación, relájate aún más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si necesitas ponerte en contacto con nosotros...
Utiliza nuestra dirección de correo electrónico, porque este formulario de comentarios no funciona.
Puedes escribirnos aquí: centrofenix@hotmail.com
Gracias