Hola ! ! !

existe la certeza de ser lo que nunca perdimos.
El conocimiento de la conciencia de ser
es la única Libertad que tenemos.
Adelante, están invitados. Bienvenid@s !!!
Algunas de las Imágenes que aparecen en este Blog, han sido sacadas de Internet.
Si alguien tiene derechos y quiere que no salgan en este espacio,
nos lo hacen saber y serán retiradas inmediatamente.
viernes, febrero 14, 2014
Aprender de los Propios Errores
El primer paso necesario para aumentar nuestra eficiencia consiste en identificar una necesidad que debamos mejorar aunque esa conciencia pueda ser difícil de alcanzar.
Permanecer ciego a nuestros propios problemas puede poner en peligro toda nuestra vida. Las personas fracasadas parecen mostrarse muy poco dispuestas a reconocer sus propios errores y desprecian a quienes osan señalárselos. Su resistencia es, pues, un claro indicador de que no pueden hacer nada por cambiar las cosas. Por el contrario, las personas triunfadoras son aquellas que son conscientes de sus límites y que, en consecuencia, conocen todos los aspectos que deben mejorar o saben cuándo pueden hacer o estar con alguien que posea las capacidades de las que ellos carecen.
Algunas personas que ocupan posiciones privilegiadas pueden considerar la necesidad de cambio como un signo de debilidad o fracaso. El esfuerzo competitivo que les ha permitido llegar a la cumbre puede también impedirles reconocer sus errores, aunque solo sea por miedo a sus posibles competidores.
Todos nosotros compartimos esta tendencia a la negación, una estrategia emocionalmente cómoda que nos protege del sufrimiento que se deriva del hecho de reconocer nuestras verdades más crueles, una actitud defensiva, en suma, que puede adoptar múltiples formas: minimizar los hechos, soslayar información crucial, racionalizar y buscar excusas, recursos, todos ellos, que cumplen con la función de distorsionar nuestra realidad. Y las personas que nos rodean tienden a secundar nuestras negaciones.
Todas las competencias son hábitos aprendidos y, en consecuencia, si tenemos alguna carencia el algún sentido, siempre podemos aprender a hacer mejor las cosas. En este sentido la persona arrogante e impaciente puede aprender a escuchar y tener en cuenta las opiniones ajenas, por ejemplo. Pero el hecho es que este tipo de progresos jamás puede tener lugar si no se comienza dando antes el primer paso, que consiste en conocer el modo en que esos hábitos perjudican e intoxican nuestras relaciones. Sin el menor atisbo de hábitos sobre nosotros y sobre los demás, careceremos de la motivación necesaria para cambiarlos.
Las personas que no admiten ningún fallo, exageran sus propias capacidades y rechazan todo aprendizaje de los demás porque no desean escuchar nada sobre sus deficiencias, siendo ésta la visión que tiene de sí mismo el narcisista.
Permanecer ciego a nuestros propios problemas puede poner en peligro toda nuestra vida. Las personas fracasadas parecen mostrarse muy poco dispuestas a reconocer sus propios errores y desprecian a quienes osan señalárselos. Su resistencia es, pues, un claro indicador de que no pueden hacer nada por cambiar las cosas. Por el contrario, las personas triunfadoras son aquellas que son conscientes de sus límites y que, en consecuencia, conocen todos los aspectos que deben mejorar o saben cuándo pueden hacer o estar con alguien que posea las capacidades de las que ellos carecen.
Algunas personas que ocupan posiciones privilegiadas pueden considerar la necesidad de cambio como un signo de debilidad o fracaso. El esfuerzo competitivo que les ha permitido llegar a la cumbre puede también impedirles reconocer sus errores, aunque solo sea por miedo a sus posibles competidores.
Todos nosotros compartimos esta tendencia a la negación, una estrategia emocionalmente cómoda que nos protege del sufrimiento que se deriva del hecho de reconocer nuestras verdades más crueles, una actitud defensiva, en suma, que puede adoptar múltiples formas: minimizar los hechos, soslayar información crucial, racionalizar y buscar excusas, recursos, todos ellos, que cumplen con la función de distorsionar nuestra realidad. Y las personas que nos rodean tienden a secundar nuestras negaciones.
Todas las competencias son hábitos aprendidos y, en consecuencia, si tenemos alguna carencia el algún sentido, siempre podemos aprender a hacer mejor las cosas. En este sentido la persona arrogante e impaciente puede aprender a escuchar y tener en cuenta las opiniones ajenas, por ejemplo. Pero el hecho es que este tipo de progresos jamás puede tener lugar si no se comienza dando antes el primer paso, que consiste en conocer el modo en que esos hábitos perjudican e intoxican nuestras relaciones. Sin el menor atisbo de hábitos sobre nosotros y sobre los demás, careceremos de la motivación necesaria para cambiarlos.
Las personas que no admiten ningún fallo, exageran sus propias capacidades y rechazan todo aprendizaje de los demás porque no desean escuchar nada sobre sus deficiencias, siendo ésta la visión que tiene de sí mismo el narcisista.
lunes, febrero 10, 2014
Breve Historia de la Gemoterapia
A partir de algo tan simple como son átomos de hierro, cromo, carbono, litio, moléculas de agua, etc. encajados en diferentes formas, surgen minerales de bellos colores, que nada más verlos levantan el ánimo y nos invitan a soñar solo con su contemplación.
Tenemos al alcance de la mano verdaderos tesoros. Las gemas y los minerales pueden mejorar nuestra calidad de vida, ayudarnos en momentos de transición, aliviar un impertinente dolor, etc.
La gemoterapia es tan antigua como el hombre. Los primeros textos escritos datan del año 4.000 a.C. en Egipto. Los faraones sutilizaban el lapislázuli como cosmético y para proteger sus ojos de los rayos del sol. Cleopatra (69-31 a.C.) usaba una especie de casco recubierto en su interior por hematites para conservar su belleza y juventud. Griegos y romanos también conocían las propiedades de las gemas, como nos relata Plinio el viejo, en sus textos de historia natural. por aquel entonces, la esmeralda era recomendada para las personas con vista cansada, probablemente como consecuencia de que Nerón tenía la costumbre de mirar los combates de gladiadores a través de una fina lámina de esta gema para que el sol que se reflejaba en la arena del circo no le dañara los ojos. Esto se debe a una propiedad física del mineral, la de polarizar la luz. Sin proponérselo, el emperador había inventado las primeras gafas de sol de la historia. En occidente, en la Edad Media es la etapa de más experimentación con gemas. Se construían copas de mineral para potenciar los efectos de los elixires, la cornalina se prescribía como remedio homeopático para detener hemorragias, etc.
A principios del siglo XX ya se conoce la “piezoelectricidad” del cuarzo. Casi a comienzos de la Primera Guerra Mundial se empieza a sintetizar en el laboratorio hasta obtener un cristal limpio de inclusiones para utilizarlo como osciladores de radio. Hasta 1957 era normal entrar en la tienda de un químico londinense para comprar polvo de rubí, esmeralda o perla y utilizarlo como medicina.
Tenemos al alcance de la mano verdaderos tesoros. Las gemas y los minerales pueden mejorar nuestra calidad de vida, ayudarnos en momentos de transición, aliviar un impertinente dolor, etc.
La gemoterapia es tan antigua como el hombre. Los primeros textos escritos datan del año 4.000 a.C. en Egipto. Los faraones sutilizaban el lapislázuli como cosmético y para proteger sus ojos de los rayos del sol. Cleopatra (69-31 a.C.) usaba una especie de casco recubierto en su interior por hematites para conservar su belleza y juventud. Griegos y romanos también conocían las propiedades de las gemas, como nos relata Plinio el viejo, en sus textos de historia natural. por aquel entonces, la esmeralda era recomendada para las personas con vista cansada, probablemente como consecuencia de que Nerón tenía la costumbre de mirar los combates de gladiadores a través de una fina lámina de esta gema para que el sol que se reflejaba en la arena del circo no le dañara los ojos. Esto se debe a una propiedad física del mineral, la de polarizar la luz. Sin proponérselo, el emperador había inventado las primeras gafas de sol de la historia. En occidente, en la Edad Media es la etapa de más experimentación con gemas. Se construían copas de mineral para potenciar los efectos de los elixires, la cornalina se prescribía como remedio homeopático para detener hemorragias, etc.
A principios del siglo XX ya se conoce la “piezoelectricidad” del cuarzo. Casi a comienzos de la Primera Guerra Mundial se empieza a sintetizar en el laboratorio hasta obtener un cristal limpio de inclusiones para utilizarlo como osciladores de radio. Hasta 1957 era normal entrar en la tienda de un químico londinense para comprar polvo de rubí, esmeralda o perla y utilizarlo como medicina.
domingo, febrero 09, 2014
Nuestro Don mas Preciado
Cuando no sabes a donde te diriges, cualquier camino sirve. Este viejo refrán significa que, cuanto menos conscientes seamos de lo que realmente nos apasiona, más perdidos nos hallaremos. Y este ir a la deriva puede llegar incluso a dañar nuestra salud.
La conciencia de nosotros mismos nos proporciona una dirección segura para armonizar nuestras decisiones con nuestros valores más profundos.
Aquellos que nunca llegan a plantearse la relación existente entre su conducta sometida al estrés y su capacidad de mantenerse fieles a sí mismos, suelen ser personas que tienen la difusa sensación de estar desatendiendo algo sumamente importante, una sensación que puede originarse en el fracaso matrimonial o en el descubrimiento de que su ruido interior les lleva a incurrir en todo tipo de errores. No obstante, este tipo de crisis suelen ser fructíferas, porque con ellas empieza a resquebrajarse su capa de inflexibilidad. Entonces es cuando empiezan a experimentar emociones que nunca antes se habían permitido sentir y adquieren una nueva perspectiva de ese aspecto de sus vidas.
Solo sabremos lo que tenemos que hacer cuando comprendamos lo que es correcto en nuestro caso. En este sentido, la atención constituye nuestro don más preciado. Los sentimientos son la versión corporal de la situación que estamos viviendo y nos revelan todo lo que necesitamos saber sobre ella.
Cuando la persona se da cuenta de que lo que creía fácil era en realidad difícil, y que lo que creía difícil, en realidad suele ser arbitrario, experimentan un gran avance. En este sentido, los sentimientos constituyen guías fiables capaces de ayudarnos a responder cuestiones tan fundamentales como: ¿hacia dónde me dirijo?
Conocer nuestros recursos, nuestras capacidades y nuestras limitaciones internas nos permite darnos cuenta de nuestros puntos fuertes y de nuestras debilidades; reflexionar y ser capaces de aprender sinceramente de la experiencia, a los nuevos puntos de vista, a la formación continua y al desarrollo de uno mismo; y contar con un sentido del humor que nos ayuda a tomar distancia de nosotros mismos.
La conciencia de nosotros mismos nos proporciona una dirección segura para armonizar nuestras decisiones con nuestros valores más profundos.
Aquellos que nunca llegan a plantearse la relación existente entre su conducta sometida al estrés y su capacidad de mantenerse fieles a sí mismos, suelen ser personas que tienen la difusa sensación de estar desatendiendo algo sumamente importante, una sensación que puede originarse en el fracaso matrimonial o en el descubrimiento de que su ruido interior les lleva a incurrir en todo tipo de errores. No obstante, este tipo de crisis suelen ser fructíferas, porque con ellas empieza a resquebrajarse su capa de inflexibilidad. Entonces es cuando empiezan a experimentar emociones que nunca antes se habían permitido sentir y adquieren una nueva perspectiva de ese aspecto de sus vidas.
Solo sabremos lo que tenemos que hacer cuando comprendamos lo que es correcto en nuestro caso. En este sentido, la atención constituye nuestro don más preciado. Los sentimientos son la versión corporal de la situación que estamos viviendo y nos revelan todo lo que necesitamos saber sobre ella.
Cuando la persona se da cuenta de que lo que creía fácil era en realidad difícil, y que lo que creía difícil, en realidad suele ser arbitrario, experimentan un gran avance. En este sentido, los sentimientos constituyen guías fiables capaces de ayudarnos a responder cuestiones tan fundamentales como: ¿hacia dónde me dirijo?
Conocer nuestros recursos, nuestras capacidades y nuestras limitaciones internas nos permite darnos cuenta de nuestros puntos fuertes y de nuestras debilidades; reflexionar y ser capaces de aprender sinceramente de la experiencia, a los nuevos puntos de vista, a la formación continua y al desarrollo de uno mismo; y contar con un sentido del humor que nos ayuda a tomar distancia de nosotros mismos.
viernes, febrero 07, 2014
El Estimulo que nos Motiva
Tienes que obligarte a ti mismo a pasar algún tiempo alejado del trasiego y el ajetreo del trabajo y del mundo que te rodea para poder conectar de nuevo con la realidad porque, en caso contrario, uno termina perdiendo las riendas y generándose todo tipo de problemas.
Estos problemas son los que conllevan a traicionar nuestros propios valores personales. Porque hay que tener en cuenta que éstos no son meras abstracciones sino creencias internas que nunca llegamos a articular en forma de pensamientos, sino, a lo sumo, en forma de sentimientos. Nuestros valores se traducen en aquello que tiene cierta resonancia o poder emocional sobre nosotros, ya sea en un sentido positivo o negativo.
La conciencia de uno mismo constituye una especie de barómetro interno que nos dice si la actividad que estamos llevando a cabo –o la que vamos a emprender– merece realmente el esfuerzo.
Los sentimientos nos proporcionan una imagen global de toda situación. Y, en el caso de que existan discrepancias entre nuestros valores y nuestros sentimientos, el resultado será una profunda inquietud en forma de culpabilidad, vergüenza, dudas, inquietud, remordimientos o similares. Y todo este ruido de fondo actúa a modo de niebla emocional que inspira sentimientos que pueden acabar saboteando todos nuestros esfuerzos.
Por el contrario, las decisiones que se ajustan a nuestra conciencia interna resultan estimulantes. Ya que, no solo nos hacen sentir que estamos haciendo lo correcto sino que impulsan la atención y la energía necesaria para conseguir lo que queremos.
De este modo, las personas que hacen a su sensación interna de lo que vale la pena minimizan el ruido emocional. Sin embargo, mucha gente considera por desgracia que no puede contar con sus valores en determinados círculos, algo que, por cierto, resulta inadmisible.
Porque el hecho de no tener en cuenta nuestros valores solo contribuye a separar la sensación colectiva de lo que nos motiva, haciendo que el dinero, por ejemplo, resulte más importante de lo que es en realidad.
Uno de los estímulos más poderosos para alentar nuestro interés es la sensación de propósito y pasión. Por esto, cuando surge la ocasión, las personas nos sentimos atraídas por aquello que nos proporciona un sentido, por aquello que compromete plenamente nuestro talento, nuestra energía y nuestra habilidad, algo que puede llevarnos a ir cambiando hasta encontrar aquello que mejor se adapte a lo que realmente nos importa.
Estos problemas son los que conllevan a traicionar nuestros propios valores personales. Porque hay que tener en cuenta que éstos no son meras abstracciones sino creencias internas que nunca llegamos a articular en forma de pensamientos, sino, a lo sumo, en forma de sentimientos. Nuestros valores se traducen en aquello que tiene cierta resonancia o poder emocional sobre nosotros, ya sea en un sentido positivo o negativo.
La conciencia de uno mismo constituye una especie de barómetro interno que nos dice si la actividad que estamos llevando a cabo –o la que vamos a emprender– merece realmente el esfuerzo.
Los sentimientos nos proporcionan una imagen global de toda situación. Y, en el caso de que existan discrepancias entre nuestros valores y nuestros sentimientos, el resultado será una profunda inquietud en forma de culpabilidad, vergüenza, dudas, inquietud, remordimientos o similares. Y todo este ruido de fondo actúa a modo de niebla emocional que inspira sentimientos que pueden acabar saboteando todos nuestros esfuerzos.
Por el contrario, las decisiones que se ajustan a nuestra conciencia interna resultan estimulantes. Ya que, no solo nos hacen sentir que estamos haciendo lo correcto sino que impulsan la atención y la energía necesaria para conseguir lo que queremos.
De este modo, las personas que hacen a su sensación interna de lo que vale la pena minimizan el ruido emocional. Sin embargo, mucha gente considera por desgracia que no puede contar con sus valores en determinados círculos, algo que, por cierto, resulta inadmisible.
Porque el hecho de no tener en cuenta nuestros valores solo contribuye a separar la sensación colectiva de lo que nos motiva, haciendo que el dinero, por ejemplo, resulte más importante de lo que es en realidad.
Uno de los estímulos más poderosos para alentar nuestro interés es la sensación de propósito y pasión. Por esto, cuando surge la ocasión, las personas nos sentimos atraídas por aquello que nos proporciona un sentido, por aquello que compromete plenamente nuestro talento, nuestra energía y nuestra habilidad, algo que puede llevarnos a ir cambiando hasta encontrar aquello que mejor se adapte a lo que realmente nos importa.
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